Arendt, breve pero contundente contra el totalitarismo
Página Indómita ha llevado a cabo la unión de diversos artículos y conferencias de la pensadora Hannah Arendt con el fin de condensar en un tratado más breve lo que es en esencia el totalitarismo. Si usted no quiere gastar un dineral y pasar media vida leyendo Los orígenes del totalitarismo, hágase con este pequeño tratado arendtiano y seguramente comprenda a la perfección de qué se trata ese fenómeno moderno. Pues como cuenta la autora el totalitarismo no ha existido en otras épocas sino solamente en el actual y tiene una serie de características específicas.
«El acontecimiento mismo, el fenómeno que intentamos —y debemos intentar— comprender nos ha privado de nuestras herramientas tradicionales de comprensión»
Arendt realiza una serie de comparaciones, sin excluir los tiempos antiguos, con lo que han supuesto y suponen las tiranías o las dictaduras. Aun teniendo algunas similitudes la escritora alemana expone con claridad que la naturaleza misma de esas partes que son parecidas es distinta. La anulación de la capacidad de pensar de los seres humanos que parece ser común en todas las tiranías no es producto del terror y del adiestramiento ideológico, o no son solo producto de, sino de la permuta del sentido común por el logicismo. O lo que es lo mismo, hacer que lo que hay ante los ojos parezca lógico a los ojos de las personas que caen rendidas ante el poder totalitario. Si los judíos, mediante el uso de la lógica, aparecen como «cerdos que están dañando a la patria», el paso hacia Auschwitz está dado con facilidad.
Lo que hace el régimen totalitario no es depurar y prohibir sin más sino dotar de lógica lo ilógico y que atenta al sentido común. Este sentido no deja de estar enraizado en lo común, en el otro, mientras que «el razonamiento lógico puede reclamar para sí una fiabilidad completamente independiente del mundo y de la existencia de otras personas». Cuando ese logicismo se ha extendido, entonces la persuasión se expande en un terreno donde lo común entre los seres humanos ha sido derruido.
Para la siguiente fase del análisis Arendt toma a Montesquieu de la mano para ver si los motivos que conducen los distintos tipos de regímenes políticos —véase el miedo, el honor y la virtud, que se corresponden con la tiranía, la aristocracia y la república— pueden ser aplicados al totalitarismo. Cualquier lector pondrá sus ojos en el miedo pues está ligado a la tiranía y, al final, se parecen un poco. El miedo «es la desesperación po la impotencia individual que experimentan quienes, por la razón que sea, han renunciado a actuar concertadamente». De ahí que, al carecer de autotrascendencia, com o sí poseen el honor o la virtud, es completamente antipolítico. El tirano ansía el poder, aprovecha que los seres están desolados y temerosos, para hacerse con él, creyéndose un dios bajo la égida de la hybris. Esto no es así en el totalitarismo.
El totalitarismo se apoya en las leyes de la historia para hacerse con el poder. Aquello que se interpone en esas leyes (la raza, la ideología, etc.) debe ser exterminado de una u otra forma pues carecen de legitimidad, se interponen en la escatología histórica e impiden la plena consecución de «una humanidad». El ser humano, en sí y para sí, poco o nada tiene que decir o hacer bajo este movimiento. Y no será el miedo sino el terror el que se impondrá bajo el totalitarismo, un terror que servirá para «hacer esos sacrificios necesarios» de todas aquellas partes que se interponen en esas leyes inevitables. Toda vez que la oposición deja de existir el terror se independiza y rige los destinos del sistema. Es, entonces, el terror la esencia del totalitarismo.
«El terror sustituye los límites y los canales de comunicación entre los hombres individuales por una cinta de hierro que aprieta a los unos contra los otros an estrechamente que es como si los fundiese en un solo hombre»
Luego, como propaganda o parodia, existe la creencia de que la igualdad es consustancial a los gobiernos despóticos, como se desprende de la cita anterior, y ha dado en entender que es la igualdad la fuente de la tiranía. Nada más lejos de la realidad, dice Arendt. Es un mecanismo de engaño —algo que deberían aplicarse más de uno y más de dos que escriben con mucha alegría en periódicos y redes sociales… y lo mejor es que dicen haber leído a Arendt—. Desde luego hay similitudes entre tiranía y totalitarismo, como esa supuesta igualdad, pero no son más que cuestiones técnicas que se producen al comienzo del régimen totalitario. Luego ya, la esencia del totalitarismo hará de la suyas. Con la paz de los cementerios el movimiento hará del terror una ley objetiva del mismo.
Un terror que queda justificado por lo ideológico, algo distinto a una doctrina política. Véase lo que dice Arendt al respecto: «Llamo ideologías a todos los ismos que pretenden haber encontrado la clave explicativa de todos los misterios de la vida y del mundo». Mientras, por ejemplo el socialismo, se queda en la descripción de las luchas de clases o combate por mejoras, no hay problema. En el momento en que cambia a solucionador de la historia… malo. La conexión entre terror e ideología permite esa emancipación de la realidad y la experiencia tan necesaria este tipo de regímenes. No se queman los libros por lo que digan en sí sino porque en ellos está parte de esa realidad y esa experiencia.
Hay muchas más características del totalitarismo que quedan perfectamente reflejadas en el libro pero que, como es evidente, deberán descubrir por ustedes mismos.

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